Lettura, Linguae

Gli amori immaginari di Ortega y Gasset

Questa è la relazione scritta sull’opera Estudios sobre el amor di José Ortega y Gasset che dovrò esporre in classe la prossima settimana. Mi sono molto divertito (ed esaltato, devo ammetterlo) a buttarla giù grazie all’ausilio fondamentale di uno strumento interpretativo quale Il secondo sesso di S. de Beauvoir. Il vantaggio dell’esporre oralmente è che non si farà troppo caso agli errori di lingua, o almeno lo spero.


 

El título que he puesto Los amores imaginarios de José Ortega y Gasset introduce la contradicción entre el pensamiento de José Ortega y Gasset sobre el amor como está teorizado y lo que quiero discutir en esta presentación, o sea las implicaciones de las categorias del amor que Ortega y Gasset nos presenta, y si estas categorías son actuales para nosotros.

Ortega y Gasset no tuve que ser un soñador (aunque su filosofia del amor parece una larga ilusión) porque vivió los años de la guerra civil española y las dos guerras mundiales. Por eso no veo su pensamiento como ingenuo como puede aparecer a una mirada rápida. Su teoría del amor es muy parecida a las teorías imperialista de la época. Además de escribir por muchos periodicos desde 1902, enseñó Metafísica en la Universidad Central de Madrid y fundó la Revista de Occidente. Sus obras más importantes son La España invertebrada, La rebelión de las masas y La deshumanización del arte, además de Estudios sobre el amor, que se sitúa entre las obras filosóficas. A lo largo de su vida Ortega y Gasset explica su pensamiento en los periódicos, aunque este ensayo recoge una síntesis de su pensamiento político e intelectual.

La reflexión sobre el amor de Ortega y Gasset se fija en las tendencias novecentista europea que en el caso particular del autor confluye en la Generación del 14; novecentismo que desafió intelectualmente el Antiguo Régimen sobre temas políticos y artísticos. El autor se asocia a esta moda de ideas desembocando en la filosofia llamada raciovitalismo, y lo usa como perspectiva para su propia teoría del amor: la razón vital es la base del sistema orteguiano de la madurez, y la que constituye el epítome de la vida umana, como vemos a continuación.

Los Estudios sobre al amor aparecieron impresos separados en tres partes: Facciones del amor, Amor en Stendhal y La elección del amor. En 1941 fueron publicados juntos, bajo el titulo actual; la primera edición integral apareció en alemán antes que en castellano, con el titulo Uber die Liebe. Poco tiempo después fueron adjuntos cuatro otros ensayos. Los ensayos más importantes para comprender su pensamiento son el Epilogo al libro de Francesca y Beatrice, Para una psicología del hombre interesante y La elección del amor.

En el Epílogo al libro de Victoria Ocampo, el primer ensayo, Ortega y Gasset se propone hacer una recopilación de la influencia de la mujer en la historia. Tal vez las teorías propuestas aquí eran destacadas para la época del imperialismo económico, cuando el feminismo aún no tenía fuerza como tendencia contrastiva intelectual y política; pero hoy en día leemos la locución “hembras civilizadoras” de p. 5 como extremamente peyorativa: esto no pasa porque rechazamos el elemento biológico, sino porque la connotación que esa locución lleva para los contemporaneos es sumamente despreciativa: implica que el único fin de la mujer es la reproducción sexual, o sea ser objeto, ente pasivo interamente dependiente del hombre.

El modelo filosófico que Ortega y Gasset presenta es un idealismo patriarcal-imperialista propio de su época, donde los hombres son protagonistas y creadores de la historia, y las mujeres vanas presas o, a lo mejor, formas ideales, incorpóreas ajenas – como las ideas platónicas. Explotando el gran favor de la filosofía existencialista en su época, el autor escribe: “el ideal es un órgano constituyente de la vida”, e interrogándose sobre la importancia de la mujer desde un enfoque histórico, pregunta al lector: ¿Qué es la mujer? La respuesta que da no es nada apropriada, porque no tiene nada que ver con la pregunta: él no dice lo que la mujer es sino lo que ella hace: “El oficio de la mujer, cuando no es sino mujer, es ser el concreto ideal del varón”. Su ser es un oficio del varón.

Qué pasa cuando la mujer no es solo mujer? Lo que pasa es que ella es madre o esposa o hija o hermana, o combinaciones múltiples de estas categorías. Ya está. Son cuatro personajes, caracteres o máscaras que la mujer tiene que vestir para ser aceptada en la sociedad.

La mujer, según Ortega y gasset, es una función de la familia, mientras que el varón vive su vida ilusionado por ella, porque “si la mujer no encanta, no la elige el hombre para hacerla esposa que sea madre de hijas hermanas de sus hijos”; es como decir: si no halla sitio en la estructura familiar (burguesa) no puede ser aceptada en la sociedad. El concepto que la mujer es un ideal que tiene que ser conquistado por el varón es una ramificación teorética del raciovitalismo que substancia el carácter del Orientalismo imperialista.

Más allá el autor afirma: “es increíble que haya mentes lo bastante ciegas para admitir que pueda la mujer influir en la historia mediante el voto electoral y el grado de doctor universitario tanto como influye por esta su mágica potencia de ilusión”. Por cierto. ¿A quien sirve la realidad del trabaja si puede vivir de ilusiones? Tan pronto como la mujer se licencia en la universidad ella consigue liberarse de ilusiones, y ¿como puede surgir la jáula del amor femenino si las mujeres no están totalmente concentradas en los hombres como tantas Penélopes?

El amor que teoriza Gasset para las mujeres es un amor atado a proseguir la especie (recordemos: “la hembra humana”), aunque él lo decora con un halo de espiritualidad. Esa teoria de la mujer arquetípicamente hechicera y encantadora expresa una voluntad de regresar al mundo arcaico, donde el varón tiene que conquistar la mujer o ser conquistado por ella para que nazca el amor; amor que básicamente implica un contraste, y no una elección como Gasset quiere persuadirnos.

En realidad el autor debate esos asuntos en polémica con la obras de las tendencias feministas que en los mismos años se amplificaron publicando ensayos, folletines y obras teórico-politicos. El autor escribe: “Una falta de previsión intelectual lleva a buscar la eficacia de la mujer en formas parecidas a las que son propias de la acción varonil”. Esta posición es totalmente despreciativa, porque quiere evidenciar una deficencia insita en la conformación intelectiva de las mujeres. Lo que la ciega filosofia orteguiana falla de comprender es que la perspectiva feminista no admite diferencias en las formas de ser propias de cada género.

Pues, las posiciones de Ortega y Gasset, según esta lectura, caen en los ojos contemporáneos como sumamente simplistas, porque el autor las implementa en su filosofia económico-vitalistica. El paso siguiente nos explica mejor: “El hombre golpea con su brazo en la batalla, jadea por el planeta en arriesgadas exploraciones, coloca piedra sobre piedra en el monumento […]. La mujer, en tanto, no hace nada, y si sus manos se mueven es más bien en gesto que en acción”. Los hombres conquistan territorios extranjeros, subyugan poblaciones con violencia física (la esencia del imperialismo) mientras que las mujeres con sus “gestos” subyugan el hombre con encantamientos (violencia metafísica). Entonces ¿qué tipos de amores son éstos? Esta clase de amores encajan en las categorías de dominación, son amores estructurados en jerarquías; no son amores entre seres humanos libres.

En el segundo ensayo “Para una psicología del hombre interesante” Gasset se halla en el medio de una discusión filosofica sobre los caracteres del hombre (varones). “La perfección radical del hombre … ha solido llegar a él mirando el infinito a través de un alma femenina.” De nuevo: la mujer es un objeto prismático que sirve al hombre para lucir en su esplendor de demiurgo mundano. Además, Gasset expresa el egocentrismo que explota la mujer como espejo unilateral; ella solo refleja la imagen del hombre, sólo dice a la conciencia varonil lo que ésta quiere saber. La mujer-espejo es la parte de la consciencia individual que la civilización occidental ha cortado.

Si las relaciones entre hombre y mujer son de jerarquía, como acontece el fenómeno amor? Según Ortega y Gasset el amor “no es un querer entregarse: es una entrega sin querer”: el que ama (el hombre) se entrega a la mujer que es amada por efecto del encantamiento que ella ejerce sobre el sujeto.

Hay una paradoja: según este pensamiento, el objeto amado trata de ejercer una fuerza encantadora sobre el sujeto que ama, de modo que éste aparezca como si no pudiera escapar de la influencia. En consecuencia, todas acciones del hombre son consecuencias de la pasividad de la mujer, que diventa causa esencial: ella no hace nada, pero su conducta es justificación de la del hombre. La relación de causalidad permanece también en casos de falla del hombre: él está justificado en explotarla porque el oficio de la mujer (ser bella) provoca el hombre. Este pensamiento vive todavía entre nosotros, en las justificaciones de los abusos sexuales como: “iba desnuda, por eso lo mereció”. La conducta de la mujer es justificación lógica de la conducta varonil.

Ortega y Gasset entiende el amor como género literario, o sea como una creación ficticia. En su visión orientalista “los salvajes, chinos, indios” no conocen el amor. Claro que no lo conocen: las implicaciones de este tipo de amor son valores típico de la sociedad burgués europea, que se funda sobre una especie particular de relación arquetípica: el dualismo de dueño y esclavo – el hombre dueño, el oltro femenino y esclavo. Por consiguiente, él dice con lógica aparentemente persuasiva que el amor auténtico no es universal, más bien muy pocos lo experimentan.

Según Gasset el amor es esencia unitaria, siempre idéntica: es único e igual para los pocos que lo experimentan. Se manifiesta siempre en la misma manera y en los mismos tiempos en todos los que padecen. Por supuesto esto es lo que llamamos homologar, el gran éxito y sueño de la burguesía: formar parte de una élite que crea diversiones ficticias que las plebes no pueden pagar.

Lo que sentimos hoy es que no existe un modo único de ser realidad. La esencia de cada uno, cada uno la conoce; el autor más que conceptuar puede solo generalizar. Y la conclusión a la que llega Gasset es una tautología sobrante: “el amor ama porque ve que el objeto es amable”.

En los dos ensayos siguientes, Facciones del amor y Amor en Stendhal Gasset compara su doctrina con la de Stendhal – según el cual “nos enamoramos cuando sobre otra persona nuestra imaginación proyecta inexistentes perfecciones” – y descubre la radical diferencia entre amor y odio: “en el odio se va hacia el objeto, pero se va contra él; su sentido es negativo. En el amor se va también hacia el objeto, pero se va en su pro”. Otra sontuosa tautología.

La segunda comparación que presenta es entre amor y misticismo, y de nuevo recurre al concepto del enamoramiento como encantamiento, o sea como fórmula mágica: el místico se halla lleno de Dios “como el enamorado jura sinceramente amor eterno”, en “estado de gracia”. Enamoramiento y misticismo tienen en común éxtasis, afán de salir fuera de sí y una forma de orgiastico.

Casi inmediátamente nos acercamos a otra teoría maniquea sobre los papeles de hombre y mujer: como el amor es un estado hypnótico, el hypnotizado está bajo una autoridad que le manda regresar a un estado pueril; por eso es obvio que el alma femenina es más dócil al enamoramiento que la del varón. Según Gasset, la mujer tiende a “vivir con un único eje atencional”, mientras que el hombre “tiene una pluralidad de campos mentales”.

El ensayo más importante para comprender más claramente la teoría del amor de Gasset es La elección del amor. El autor extiende su visión maniquea de los sexos al conocimiento de la realidad: para Gasset la individualidad no está tejida por múltiples experiencias, sino por preferencias y desdenes que emanan desde la raíz vital, que no es conocibles. Gasset no concibe que el contorno social pueda influir sobre los carácteres de las personas; las personas sono monades inertes. De esta manera, toda conciencia es fija: en zonas profundas de nuestro ser está ya decidido a qué tipo de vida quedamos adscritos; las circumstancias no pueden cambiar nuestro núcleo.

El determinismo esencialista se refleja en condiciones fijas de los géneros. Pero cuando el autor se da cuenta que hay en efecto una evolución, el amor es comparado al cáncer, porque es predentado como generado en una “esencia de la vida (no especificada) que anhela más vida”. Según el dice “esta evolución es provocada y dirigida por razones internas”: es un progreso que produce sí mismo por sí mismo. “La evolución profunda de un carácter varonil vista a través de sus amores” es por eso una reduplicación del ego machista, que sólo comprende la mujer como medio para multiplicarse.

En conclusión, hemos visto como en el amor según Gasset la mujer tiene cara de ilusión para el hombre, y el hombre tiene el papel de generar humanidad que tenga ilusiones. Si la única forma de amor según Ortega y Gasset es una relación de dominación e ilusión, me parece que nuestra época de amores múltiples, imperfectos y desilusionados es más creativa.

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